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Sostenibilidad y huertos en casa

octubre 11, 2026 by Erika Zarazua Leave a Comment

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¿Te agradaría tener un huerto en casa? ¿Has abandonado la idea tan solo de pensar en regar y cuidar de las plantas? ¿Qué harías si de repente no hubiera comida en el mercado ni semillas disponibles?

Cuando pienso en razones medibles para justificar el tiempo y el dinero necesarios para poner un huerto en casa en pleno 2026, no logro encontrar alguna con suficiente peso para los estándares de la vida moderna. Pero el deseo está ahí; mis manos sienten la necesidad de cosechar comida. Me emociono con la aventura que se genera cada vez que vuelvo a sembrar una semilla. Cuando me preguntó el porqué, todo me devuelve a mi infancia.

Dicen que los primeros seis años de vida marcan el destino de una persona. Sientan las bases de la arquitectura neuronal, comportamiento, incluso salud. Pero no, no te voy a contar mis memorias. Hoy solo quiero platicarte que desde mis primeros años, ir a la milpa de mis abuelos para recolectar nopales, tunas, elotes, calabaza y frijol, fue algo que en definitiva me marcó y, son experiencias que de una u otra forma moldearon mi relación con la comida.

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Creo que por aquí debí empezar hace algunos días, cuando me invitaron a platicar con alumnos de nutrición sobre mi huerto como parte de las actividades en su materia de sistemas alimentarios. En ese momento no creí que fuera relevante. Me enfoqué en preguntarles las razones por las que no pondrían un huerto y las razones por las que sí, en escuchar su perspectiva; finalmente, independientemente de la profesión, gustos o historia personal, como especie humana tenemos la necesidad de comer.

Comodidad y poco espacio

Ya no tenemos que salir a cazar a un animal ni recolectar frutos todas las mañanas. La comida esta disponible en mercados y un sin fin de tiendas pero nuestro cuerpo no lo sabe, lleva millones de años evolucionando para poder soportar las jornadas diarias de caminatas en la naturaleza acechando a nuestra presa o para recolectar frutos y hierbas.

Es un hecho biológico que los adultos necesitamos de 150 a 300 minutos a la semana de actividad física moderada. No es opcional para nuestra salud. Y me pregunto ¿y el contacto con la naturaleza dónde queda?

Se ha comprobado que una caminata en los bosques de quince minutos al día reduce los niveles de ansiedad y depresión. También, tan solo con tocar un árbol se producen cambios en la actividad de la corteza prefrontal de nuestro cerebro. Y además, más allá de los cinco sentidos, esta surgiendo evidencia sobre otras vías no perceptibles por el ojo humano y poco estudiadas como los beneficios producidos por  los microorganismos antimicrobianos presentes en el aire del bosque o fitoncidas.

Pero ya no vivimos en los bosques. En México, el 79% de la población vive en zonas urbanas. Los bosques quedan más lejos y las zonas verdes son escasas. En la Ciudad de México, el Inventario de Áreas Verdes calcula 7.5 m² por habitante; éste es un promedio que no refleja la accesibilidad a los parques para la mayoría de la población, ya que el 51% de estas áreas las concentran solo tres alcaldías. La Ciudad de Querétaro (donde me ubico) tiene un déficit mayor, ya que tiene en promedio 4.15 m² por habitante. De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, el número recomendado de áreas verdes por habitante es de 16 m².

Sin áreas verdes, las ciudades son alimentadas por las lejanías. Los alimentos en México provienen principalmente de Sinaloa, Zacatecas, Jalisco y en sí toda la zona centro-occidente. Es un país reconocido como productor de alimentos, ocupando el número 12 a nivel mundial. Sin embargo, el 32% de la comida producida se desperdicia. Toneladas (20.4 millones según el cálculo) tiradas a la basura. Agua, tierra, fertilizantes, pesticidas, logística, combustible y una lista enorme de recursos que además colocan a la agroindustria como uno de los dos principales causantes de gases de efecto invernadero. Con estos datos ¿para qué poner un huerto en casa? ¿Bastaría enfocarse solo con no desperdiciar alimentos?

Practicas sustentables

¡Sí! Tan solo administrar correctamente nuestra despensa (aquí algunos tips) es fundamental para evitar el desperdicio, que al final nos impacta año con año en el costo. Pero también creo que es forzoso preguntarnos cuál es el porcentaje producido de manera local, regional, nacional o del extranjero. Procesados o ultraprocesados. De temporada o congelados y entonces, evaluar el sistema alimentario. ¿Es necesario comprar ciruelas que viajan 7000 km o arroz producido a 16 000 km de México? Probablemente sí o no, pero ¿quién lo define? ¿Cuáles son los criterios? ¿Por qué los compramos?

Hay libros enteros dedicados a por qué comemos lo que comemos; sabor, valor nutricional, estética, recuerdos, tradición, fuerzas económicas y políticas. Esto da tema para muchas platicas. Pero una realidad es que la diversidad en la alimentación ha sufrido una reducción en las últimas décadas. Es decir, hay una homogeneización de la dieta a nivel global. De acuerdo a los expertos esto representa tres peligros principales; más enfermedades, pérdida de ecosistemas, dependencia. Lo cual me lleva de regreso al huerto.

¿Qué beneficios tiene un huerto en casa?

Además de proveer comida de manera sostenible, un huerto en casa es un  agroecosistema que permite mantener una diversidad biológica (vegetal, animal, agentes microbianos) adaptada a las condiciones locales. De acuerdo a la UNESCO un huerto, provee servicios ecosistémicos como captación de agua, regulación de clima, control de erosión y plagas, da soporte a la polinización y dinámica de suelos. También es un instrumento para la integración social. Pero ¿cómo hacer visibles estos beneficios en un mundo mecanizado o «moderno» que no les da valor?

Sin proponer la utopía de «todos tengamos un huerto» o un apocalipsis (que tiendo mucho a eso), con este post quiero invitar a ver detenidamente el plato de comida que elegimos día a día. Identificar la información del sistema que produjo sus ingredientes. Reconocer las ventajas de la tecnología, pero también que el sistema alimentario está vivo y nuestra salud depende enteramente de él. No somos seres ajenos a la naturaleza.

Mientras más nos acerquemos al origen de la comida, a la red de productores locales, a los horticultores disponibles en la ciudad o proyectos sustentables ya en marcha, y por qué no, poner un huerto, estoy segura de que, al igual que yo, se asombrarán como en la infancia. Cuando por primera vez cuidé una semilla y la vi germinar. Cuando te das cuenta de que eres parte de este mundo.

¿Te gustaría seguir platicando? No te pierdas los post en el blog o el conversatorio: Libros, Ciencia y el ritual olvidado de comer. El próximo 11 de noviembre a las 17:30hr como parte de las actividades del Festival de Artistas en Movimiento (MovArt) en la UNAM -ENES Juriquilla. Será un gusto enorme verte allí.

Te mando un saludo y compárteme tus comentarios.

Erika

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Filed Under: BLOG, Historias en la Cocina Tagged With: cocina en casa, Huerto en casa, medio ambiente, sostenibilidad

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Soy Erika Zarazúa, una Ingeniera Química Metalúrgica apasionada por la cocina. En este espacio encontrarás desde información sobre tus utensilios hasta historias alrededor de la comida.

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